Somos una red de reducción de daños que trabaja en Aguascalientes, Guadalajara, León y Salamanca. El dinero con el que operamos viene de financiadores externos y de lo que generamos nosotres. Esta página cuenta en qué se ha convertido, corte por corte.
Aquí publicamos el conteo de lo hecho, lo que viene y lo que falta. Los montos por persona y el detalle de cada pago se revisan puertas adentro y se entregan a la financiadora; en esta página va el panorama.
Estado al 20 de agosto de 2026, mes 3 de los 12 del convenio en curso. Todo lo que se reporta en este corte corresponde a los fondos que nos otorgó Fundación Avina, dentro de la Alianza Surge, para ejercer a lo largo de doce meses: es la única fuente con ejercicio registrado hasta hoy. Las cuarenta actividades están registradas con su ficha desde el arranque —veintidós ya con la firma de quien la realizó, y el resto en proceso de recabarla—, así que lo que sigue es el plan completo del año, no solo lo que ya ocurrió.
Del presupuesto entregado para estos doce meses se ha ejercido cerca del 41 % y queda disponible el 59 %. Ese 41 % en el mes 3 pide una explicación para no leerse mal: buena parte son pagos anuales únicos de arranque —coordinación, administración, comunicación y la infraestructura tecnológica— que se cubren una sola vez al principio. El ritmo operativo real es más bajo que lo que sugiere el porcentaje.
Todo lo que se reporta aquí viene de un solo lugar, y conviene decir de quién se trata.
Fundación Avina es una fundación latinoamericana creada en 1994 que impulsa el desarrollo sostenible en la región, trabajando por medio de procesos colaborativos entre organizaciones de la sociedad civil, empresas, academia e instituciones públicas. Tiene presencia en cerca de veinte países.
El apoyo nos llegó a través de la Alianza Surge, una iniciativa conjunta de Avina con Open Society Foundations, Fundación Ford y Fundación Hewlett que fortalece a organizaciones de base, colectivas y movimientos sociales emergentes en México, con recursos y con acompañamiento en comunicación, sostenibilidad y tecnología.
Con ese apoyo firmamos un convenio para ejercer a lo largo de doce meses, de junio de 2026 a mayo de 2027, con un presupuesto repartido en veintiuna líneas agrupadas en tres resultados. Esas líneas son el compromiso concreto: es a eso a lo que dijimos que íbamos a destinar el dinero, y es lo que se mide abajo.
Las veintitrés líneas del convenio y su avance. El porcentaje es cuánto de lo asignado a esa línea ya se ejerció —no hay montos aquí a propósito—; el tramo rayado es lo comprometido: recibo firmado con el pago todavía sin ejecutar. Las líneas en cero no son un descuido: son trabajo programado para los meses que vienen.
Dos cosas que se leen en esa lista. El Resultado 3 va al 75 % y el 2 apenas al 14 %: ahí está el arranque de la red —coordinación, administración, protocolos, infraestructura—, que se paga una sola vez al principio, mientras el trabajo en territorio va empezando.
Y una línea pasó del 100 %: la de infraestructura tecnológica, marcada en rojo. Se gastó más de lo previsto en el equipo con el que la red dejó de depender de servicios prestados. Es el único sobregiro de las veintiuna líneas y se resuelve reasignando dentro del mismo resultado, que tiene holgura; la reasignación quedará documentada. Lo decimos aquí porque publicar solo lo que salió bien no es rendir cuentas.
El presupuesto del Resultado 2 se reparte en partes iguales entre las cuatro regiones. Ese dinero es de la colectiva de su región y no se usa para cubrir gastos generales de la red. A mes 3 de 12 ninguna región pasa de una cuarta parte de su bolsa y Salamanca sigue sin ejercer nada: es lo esperable, porque el trabajo en territorio arranca después de la organización interna, y ese dinero es justamente el que debe quedar para el campo.
Hasta este corte hay dos eventos con su registro y su evaluación completos. Son los primeros: hasta julio la red hacía el trabajo pero no lo estaba capturando, y sin ese registro no se puede decir a cuántas personas se llegó. Estas cifras son agregadas y anónimas: no guardamos ni publicamos datos de ninguna persona atendida.
Los dos eventos son el Popperazo de cuidados, cero castigos —un festival comunitario en Aguascalientes el 27 de junio, dentro del mes del orgullo y de la campaña internacional «Apoye, no castigue»— y el taller de reducción de daños en prácticas sexuales y consumo, en León, los días 11 y 12 de julio. En el primero se repartieron además 40 postales informativas de reducción de daños.
Faltan las demás. El resto de las actividades cumplidas todavía no tiene su registro capturado, así que esta cifra es un piso, no un total: la red hizo más de lo que aquí se puede demostrar. Cerrar esa distancia es el trabajo del siguiente corte.
Veinticuatro actividades cumplidas entre junio y agosto de 2026. El arranque fue sobre todo hacia adentro —dejar la red en pie— y hacia la comunicación; el trabajo territorial empezó en Aguascalientes y siguió en León.
Cada una tiene su ficha registrada y su comprobante de gasto. La firma de las fichas se recaba conforme cada quien la devuelve, y va en veintidós del plan completo.
Una actividad con fecha puesta hacia adelante. Las otras seis que estaban en esta lista ya se cumplieron y pasaron a la sección anterior.
Quince actividades siguen sin fecha, y no son lo mismo entre sí: unas son trabajo continuo que corre todo el año, y otras son talleres territoriales que dependen de agendarse con cada colectiva. Aquí también va lo administrativo que tenemos pendiente.
Son dos talleres presupuestados y con responsable, pero todavía sin día. Cada uno lleva varios registros —honorarios de tallerista, espacio, materiales, parafernalia—, y por eso suman siete. El tercero, el de León, ya se realizó en julio.
No son eventos: son las coordinaciones que sostienen la red durante los doce meses del convenio.
Lo que falta para que el expediente esté completo. Ninguno afecta un pago ya hecho: son papeles y fechas.